~~~
Ana.
― ¡Miserable! ―me grita Leandra, entre asombrada y molesta, y yo… yo me siento fantástica, después de todas las veces que esta mujer me ha humillado.
― ¡Y tú ya no eres nadie, Leandra! ―me burlo de ella― ¡no tienes manada, no tienes nada! ―le espeto, mientras me río― ¡ahora tú y yo somos iguales y si te metes conmigo o siquiera piensas en tocar alguno de mis hijos, te vas a encontrar con un muro! ―la amenazo en toda regla, provocando el asombro de todos, incluyendo a Levy, quien parece