El beso pronto se convierte en una tormenta que consume a Renatto. Sus manos sujetan a Isabella con firmeza pero sin brutalidad, como si temiera que pudiera desaparecer si afloja su agarre. La cercanía de su cuerpo, el calor que emana de su piel, todo lo que ella representa lo envuelve en una vorágine de sensaciones. Intensifica el beso solo para saborearla mejor, intenta profundizar la conexión como un hombre sediento que finalmente ha encontrado agua.
Sin embargo, algo se siente fuera de luga