MÍA
Emma se marcha con Ángelo, me quedo solo con mi padre y el extraño que sigue mirándome a detalle.
—¿Me puedo ir?
—Por supuesto que no, aún no hemos aclarado lo que pasó en la bóveda, cariño.
Miro mal, de soslayo al tipo.
—Basil piensa en verdad que somos esposos, insiste en que soy su esposa —expreso, tratando de evitar el tema que, en el fondo, sé que le interesa.
Mi padre guarda silencio, los segundos pasan y comienza a preocuparme el no tener una respuesta clara.
—Eso ya lo a