MÍA
—Ya puedes abrir los ojos.
Hago lo que me dice Ludo, tratando de tranquilizar los latidos de mi corazón, me doy cuenta de que mis manos siguen aferradas a los costados del asiento, poco a poco aligero mi carga emocional y me dedico a tomar pequeñas bocanadas de aire hasta que llenen mis pulmones, aplico la acción un par de veces hasta que alguien se acerca y me da una botella de agua.
—Gracias.
La bebo toda sin dudar, Ludo teclea algo en su celular, ¿habré tomado la decisión correcta