MÍA
Decisiones.
Eso es lo que me lleva a caminar a prisa de la mano de un hombre mucho mayor que yo, en cuanto me alejo de Basil, este tira de mí con delicadeza, su tacto es amable, suave, incluso me toca como si no quisiera, como si me fuera a romper enseguida en mil pedazos. Y por muy loco que parezca, me siento… protegida con este hombre.
—¡Mía!
La voz de Basil me detiene por unos segundos, pero no giro.
—Te encontraré —su voz dura es una sentencia que cae sobre mis hombros—. Y cuan