MÍA
Cuando despierto, detallo mi entorno buscando una explicación clara, al darme cuenta de que se trata de un avión, el miedo invade mi sistema, me incorporo, tengo el cinturón puesto, por lo que por acto reflejo de supervivencia, me lo quito.
—No lo hagas, es mejor si te lo dejas puesto.
Alguien camina a mis espaldas para sentarse delante de mí.
—Franco —digo en medio de un susurro vergonzoso.
—El que te acuerdes de mi nombre, hace que me sienta halagado, Mía —sisea con ojos de halcón.
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