BASIL
—Te amo, nunca he dejado de hacerlo, Basil.
Repite Portia, me quedo callado, cuando me doy cuenta del peso de sus palabras, me alejo, provocando que frunza el ceño.
—¿Sucede algo malo? —me pregunta, aún sabiendo la respuesta.
—Estoy casado —digo lento.
—Solo te casaste con Mía Bennett, por su parecido conmigo —arguye con demasiada facilidad.
—No es así.
—No me puedes mentir a mí ¿recuerdas? Te conozco mejor que nadie, sé cuando mientes y cuándo no, no amas a esa mujer, tampoc