MÍA
Basil no ha dejado de follarme, me ha hecho suya en posiciones que jamás hubiera imaginado, me duele todo el cuerpo, me sorprende la cantidad de orgasmos que me ha hecho sentir y que me han dejado agotada.
—Quiero que te quites esa idea de la cabeza —dice.
Encima de mí, mientras su dura polla me perfora la matriz, mis piernas están tan abiertas para recibirlo. Nuestros cuerpos desnudos, tan cerca el uno del otro, como si quisieran fundirse de verdad en uno solo.
—Ya no amo a Portia.
Frun