Después de que Theobald y Desislava se retiraran, el Rey Leonidas discutió con el primer ministro sobre quién debía supervisar al ejército y cómo organizar el envío de provisiones al frente del sur. La victoria o la derrota dependían de este momento crucial. Ya habían recuperado veintitrés ciudades, y si ahora perdían, todo se iría de cabeza como las fichas de un domino, y evidentemente el Rey no podía aceptar semejante fracaso.
Mientras tanto, una vez fuera del palacio, Theobald le dijo a Desis