Capítulo55
Al anochecer, Isabella y el alazán Relámpago llegaron a una posada. Ambas pudieron descansar bien, pues en sus viajes Isabelita siempre se mantenía alerta. Antes de que amaneciera, ya estaba levantada, aseándose y cubriéndose el rostro con un velo negro antes de continuar su viaje.

El trayecto era arduo, y el frío helado. Aunque llevaba el rostro cubierto, el viento había agrietado su piel, volviéndola áspera.

Cada noche, al llegar a una posada, se miraba en el espejo de bronce y notaba cómo su
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rebeca hernándezmás capítulos está muy buena
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