Los invitados se habían ido todos, solo quedaban un grupo de soldados groseros. Doña Rosario estaba tan enfadada que casi le da un ataque al corazón.
Los demás en la residencia del General también estaban perplejos; nunca habían visto una celebración de boda organizada de esa manera, y menos aun cuando era un matrimonio otorgado por el Su Alteza.
Si se corría la voz, seguramente la residencia del General se convertiría en el hazmerreír en toda la capital del Reino.
Theobald encontró a la señora