La Reina Madre lo miró por un buen rato antes de decir:
—Tu padre también tenía a alguien en su corazón, pero siempre consideró al Mariscal Díaz de Vivar como un hermano. Por eso, siempre su señora asistía a alguna ocasión o visitaba el palacio, tu padre se retiraba para no encontrarse con ella. Ese fue el mayor respeto que le pudo ofrecer a su hermano. Hasta el día de su muerte, la señora Díaz de Vivar nunca supo los sentimientos que tu padre albergaba en secreto por ella.
El Rey quedó momentán