Theobald respiró hondo, mirando a Isabella con incredulidad.
¿Realmente quería irse o era acaso otra táctica de su chantaje? Pero él nunca la repudiaría. Si lo hiciera, las habladurías de la gente los ahogarían por completo a él y a Desislava.
Además, los soldados también lo considerarían una absoluta deshonra. Todos respetaban al marqués Diaz de Vivar como un héroe. No podía perder la lealtad de sus hombres.
—Isabella, no te repudiaré. — Dijo con una fuerte frustración y molestia
—Tampoco te t