Después de que Benito se marchara, el mayordomo Eduardo entró junto con las doñas Filomena y Matilde.
Isabella no ocultó nada y les dijo que Benito había venido a pedir su mano en matrimonio, y que ella había aceptado.
Eduardo y las dos matronas se quedaron por un momento sin saber que responder. No dijeron nada, pero sus expresiones lo decían todo.
—Esta es quizás la mejor salida a dicho embrollo —dijo Isabella, sonriendo con ligereza—. El mariscal y yo no sentimos amor el uno por el otro, pero