Cuando Isabella despertó, ya era mediodía del día siguiente. Aún podía seguir durmiendo, pero había llegado una orden del palacio que le pedía presentarse, así que no tuvo más remedio que levantarse.
Mientras Juana la ayudaba a peinarse y vestirse, Isabella bostezó y preguntó:
—¿Han despertado ya Estrella y los demás?
—Todavía no —respondió Juana, quien había dormido en una pequeña cama en la habitación de Isabella para acompañarla. Siguen dormidos.
—No los despiertes, que duerman tres días y tr