Después de despedir al doctor Dagel, ella regresó a Casa Alta. Media hora más tarde, Theobald llegó al lugar con Desislava para buscarla. Ella estaba en el pequeño estudio, organizando con cuidado las cuentas del mes. Al verlos entrar, su mirada se fijó en sus manos entrelazadas.
El pequeño incensario dorado quemaba un fragante incienso que inundaba el aire de calma. Isabella respiró tranquila y decidió abordar el asunto directamente. Después de pedir a Juana que se retirara, dijo.
—Por favor, ¡