Isabella fue llamada por el Rey Benito. Frente a ella, colocó una taza de bebida caliente, cuyo vapor nublaba su mirada. Ella la levantó y bebió un sorbo. La bebida era amarga, pero en el ejército, tener eso era ya un lujo.
—¿Querías matarla? —preguntó el rey.
—Lo he pensado mucho. —Isabella respondió con franqueza.
Benito continuó:
—Los enviados que mandé a investigar han enviado noticias. Los del reino del oeste han ocultado por completo la masacre del pueblo, declarando que fue un incendio qu