Adina escuchó la suave voz de Duke.
Entrecerró y abrió los ojos. Ella dijo adormilada.
—Duke, tengo hambre.
Duke se rio entre dientes.
—Vuelve y duerme un poco más. Cocinaré para ti. Tardará unos treinta minutos.
Adina cerró los ojos y asintió.
—Treinta minutos es más que suficiente para mí.
Tuvo un sueño ligero. Su corteza frontal estaba activa y empezó a soñar vivamente.
Ella estaba caminando en un valle borroso. Había montañas y árboles por todas partes y no sabía adónde ir.