La puerta de la habitación se cerró con fuerza.
Un fuerte golpe hizo que la tensión de Adina se aflojara al instante.
¿Qué hizo?
¿Por qué estaba enfadada con los niños?
¿No se tomó las pastillas? ¿No debería suprimir su enfado? ¿Por qué seguía así?
Se agarraba la cabeza y la metía debajo de la manta, adolorida.
Solo después de un largo rato se calmó lentamente.
Sacó su portátil y encontró la cámara de vigilancia de la sala. Entonces vio a los niños sentados obedientemente en el sofá mient