Adina sonrió levemente. "Empecemos a probarnos los atuendos".
La asistente de la tienda empujó una hilera de trajes.
Había dos vestidos hechos a medida. Uno era un vestido rosa con borlas hasta la cintura que parecía elegante y femenino, mientras que el otro era un vestido de encaje color nieve que parecía puro y de otro mundo.
Había una similitud entre los vestidos: eran muy conservadores. Los brazos y las piernas estaban tapados.
Parecían vestidos que llevaría una chica de dieciocho años.