Adina no sabía dónde estaba.
De repente, delante de ella vio una neblina sangrienta, y un enorme torrente de sangre la inundó. Entonces, una sensación de sofocación se apoderó gradualmente de ella.
Respiraba con dificultad, pero oyó la voz familiar de un hombre, que provenía de las profundidades de la neblina sangrienta.
"Addy…”.
"Addy...".
La oyó una y otra vez, parecían los gritos desesperados de alguien que se enfrentaba a la muerte.
"¿Quién eres? ¡¿Dónde estás?!".
Adina gritó con to