Adina recordó aquella noche hace cuatro años.
George y Harold salieron de su vientre uno tras otro, y los niños eran tan grandes como la palma de su mano cuando nacieron.
Otros bebés tenían caras regordetas cuando nacían, pero la de sus hijos era todo lo contrario. Sus mejillas estaban muy hundidas y eran tan delgados como monos.
Al recordar ese momento, se dio cuenta de que los rasgos de los niños en ese entonces se parecían a los de Duke.
Acarició lentamente la mejilla de George. Era la pr