"¡Eres tú! ¡Tú mataste a mi hijo!".
La mujer de mediana edad se acercó repentinamente a Adina y la agarró al instante por el cuello.
Levantó otra mano e intentó abofetear la cara de Adina.
Adina frunció el ceño.
Ella levantó tranquilamente la mano y agarró la muñeca de la mujer de mediana edad antes de moverla a la espalda de la mujer y someterla. Adina tenía las manos de la mujer de mediana edad atrapadas.
"¿Quién es usted?".
La voz de Adina era fría y sus ojos estaban llenos de desprecio