Por primera vez, los ojos de Everett estaban doloridos.
—¿Me odias mucho? —él murmuró.
—Te vigilé en secreto como una pervertida. No pude evitar prestar atención a cada uno de tus movimientos.
—¿Sientes miedo cuando piensas en mí?
Cuando Ninian escuchó sus palabras, frunció el ceño ligeramente. Empezó a parecer muy seria y severa, como si se hubiera dado cuenta de la importancia de la pregunta.
Ella inclinó la cabeza y preguntó:
—¿Con frecuencia me sacabas fotos?
Everett negó con