George le dio a Harold una mirada mordaz, y Harold reprimió la emoción en su corazón. Sus grandes ojos negros brillaban y reflejaban la silueta de Adina.
Sus sentimientos se volvieron aún más complicados.
Siempre había pensado que era bastante ingeniosa, pero ¿por qué no podía ver las intenciones de estas personas frente a ella?
—Voy al hospital con la tía Deena. No nos sigas —dijo Duke en voz baja mientras se ponía de pie.
—¿Eh? Tía Deena, ¿estás enferma? Los ojos de Melody estaban llen