Cuando entré, solo quedaba un asiento.
Sin embargo, me encontré con alguien inesperado: Lola Muñoz.
Una silla para dos personas, ¿fue intencional o simplemente no yo estaba en sus planes originales? Me pusieron en una situación muy embarazosa.
—Hernán, llegaste tarde. Como de costumbre, tres copas de castigo.
La voz era familiar. Era de Juan, quien no dejaba de mirarme desde el rabillo del ojo, riéndose de manera arrogante.
Sin embargo, Hernán frunció el ceño, arrojó las llaves del auto sobr