BEATRIZ
No aparto la mirada de Nicola, quien al mismo tiempo ve a nuestro hijo, como si se tratara de la cosa más maravillosa del mundo, Vladimir, en cambio, lo observa con estudioso recelo, no porque le caiga mal, él es así. Se pone en cuclillas para poder estar a su altura y mi corazón late con más fuerza.
—Soy tu papá —confirma.
La emoción me llena al saber que Vlad, por fin, conoce a su papá, jamás me lo decía directamente, pero sé que hacía preguntas que nunca pude responder, evadiendo un