ANASTASIA
Al parecer la suerte no está de mi lado, en cuanto siento la mano de mi madre sobre mí, los recuerdos de mi infancia regresan, lo cierto es que he crecido teniéndole respeto, más no amor, nunca fue una madre cariñosa, detallista, nunca estuvo para mí cuando más lo necesitaba, en especial aquella vez en la que la oscuridad me engulló y la única mano amiga era la de Luca.
El problema es que una niña de esa edad, al ocurrirle cosas así, no necesita de amigos, o incluso del padre, sino,