BEATRIZ
Siento que he dejado de respirar, cuando miro al Sr. Hill, de pie, frente a mí, mirando con asombro, curiosidad y escudriñando el rostro de Vladimir, intento mantener la calma, sin embargo, no puedo, es como una colisión en mi interior, sus ojos, de un azul intenso como los de mi hijo, se anclan en él. El ambiente se torna extraño y hostil, cruzo una breve mirada con la recepcionista, quien parece tan atónita como yo.
—Sr. Hill —comienzo con un patético ataque verbal.
Coloco ambas man