Capítulo 71. La grieta de la confianza
—¡No me toques, Adrian! —espetó Aletta con la voz ronca.
Apartó de un manotazo la mano de Adrian que intentaba sostener su hombro.
Su movimiento fue brusco, cargado de un rechazo absoluto. La habitación del hospital se volvió de pronto asfixiante, saturada por el olor penetrante del antiséptico y el sonido constante y molesto del monitor cardíaco.
Adrian se quedó inmóvil, la mano suspendida en el aire tras el rechazo. Sus ojos se clavaron en Aletta, pero ella no le devolvió la mirada. No quedab