Aprendí que el silencio podía tener peso.
Me oprimía los oídos mientras caminaba por el pasillo oeste, ese tipo de silencio que hacía que cada paso sonara más fuerte de lo debido. La casa se sentía diferente sin Alice: más vacía, más nítida. Demasiado limpia. Demasiado ordenada. Como si contuviera la respiración.
Margaret me había dicho antes que Alice pasaría la noche en una de las propiedades aseguradas de la familia Grant para un programa infantil en el que Willow insistía. Asentí, sonreí y