—No hacía falta —dijo Sylvia, girándose bruscamente. Levantó la mano con suavidad y, con un gesto preciso, desvió la taza de café justo a tiempo.
Bella ya había fingido un tropiezo "accidental", y con ese movimiento perdió por completo el control de la taza. Abrió los ojos con terror y vio cómo el café, aún humeante, se volcaba directamente sobre ella.
Como si el tiempo se hubiera ralentizado, el líquido describió un arco en el aire.
—¡Aaahhh!
El café recién hecho estaba tan caliente que Bella