El instinto de supervivencia y actuación es una cosa; la dignidad sagrada de una Alfa Pura es otra completamente distinta.
Mi paciencia se agotó. Nadie, jamás en esta vida, volvería a tomarme contra mi voluntad. Y muchísimo menos el miserable cobarde que me había dejado morir ahogada en mi propia sangre en la nieve.
En el milisegundo exacto antes de que sus labios contaminados tocaron los míos, dejé caer la represión de mi aura. No usé magia ofensiva visible para no encender las alarmas de los