Caminó hacia ella y subió a la cama, colocándose a horcajadas sobre sus caderas.
Su dedo trazó su clítoris, resbaladizo e hinchado, y luego introdujo dos dedos largos, fuertes y gruesos en su interior.
Entraban y salían, evitando por completo su punto sensible.
Cuando ella estaba abierta, chorreando sobre la cama y suplicando por la liberación, él posicionó el juguete en su entrada.
—Déjame darte una advertencia antes de meterlo —empezó.
Valeska lo miró con ojos acusadores, sabiendo qu