Diez días habían pasado, de tantas idas y venidas, Kira estaba cansada, allí escondida detrás de uno de los árboles más frondosos se sintió indefensa.
—Ya estoy cansada no quiero hacer esto— Exclamó devastada, sentía que la anciana le jugaba bromas de mal gusto e incluso se divertía con su miseria.
Tres lobos de ojos amarillos y visiblemente agresivos se pusieron ante ella.
—¡¡Dije que basta!!!— gritó con más fuerza, pero nadie respondió.
Se levantó del suelo dónde se encontraba vencida y salió