Como cada lunes, desde hace meses, Mía se levanta con toda la energía y esa disposición de atender la empresa con las ganas de hacerla una de las más importantes del país.
Los brazos de Nathan la rodean unos segundos, lo justo para darle un beso de buenos días y luego ayudarla a salir de la cama.
Nathan la acompaña a la ducha, pero esta vez no hay nada de caricias que puedan llegar a algo más, porque no quiere tardarse, ya que esta vez él irá con ella. Cuando bajan a tomar su desayuno, los dos