Nathan y Mía están felices, con una sonrisa que traspasa cualquier barrera, y no es para menos, puesto que van rumbo al doctor para conocer el sexo que tendrá su hijo. Desde que confirmaron la cita, no han dejado de pensar en qué podría ser o si se dejará ver.
—Yo quiero que sea niña —dice Mía, con sus ojitos llenos de un brillo especial.
—A mí me da lo mismo —el tono de Nathan es de una dulzura inmensa—, me hace ilusión que sea nuestro, con eso me basta —le acaricia el vientre y este comienz