Nathan se va al baño común, en donde se encierra porque no quiere matarlos y si los enfrenta eso es lo que pasaría. Respira pesadamente, siente que el aire no es suficiente, las manos le hormiguean y nada de lo que pueda pensar es bueno en ese momento.
—Ellos… —cierra los ojos, tratando de aguantar las lágrimas ante esa supuesta traición.
Mientras él sigue procesando todo, en su oficina Hank se retuerce de dolor, arrodillado frente a Mía.
Lo que Nathan no vio, fue cómo Mía empujó a Hank, le dio