La adivina acertó.

Eiza

Degustábamos un delicioso topping de fresa con chocolates, mientras nuestros ojos se perdían en el paisaje de la isla. La brisa fresca y el sonido del mar hacían de ese momento algo mágico, casi irreal. No había palabras, solo la sensación de estar en paz, como si el mundo se hubiera detenido por un instante para nosotros. Me di cuenta de que, por un momento, pude dejar de pensar en los problemas, aunque, en el fondo, extrañaba a mis hijos más de lo que podía expresar.

—Cariño, ¿con esto m
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