Diandra
Estaba furiosa, desde aquel día en que vi a Emir con esa modelo. No podía creer lo que veía: sus ojos no se apartaban de ella, y me consumía la rabia. ¿Qué debía hacer para que me hiciera caso? Me acercaba a él, intentaba iniciar conversaciones, pero él ni siquiera me dirigía la palabra. Era frío, distante, y su egoísmo se manifestaba en cada gesto. Lo único que le importaba era su estúpida empresa.
Quería conquistarlo, pero también hacerle pagar por las humillaciones que le había hecho