ESMERALDA.
Estaba nerviosa, a punto de volverme loca. Mi hijo no decía nada, y lo único que se escuchaba era un ruido constante. Mi corazón palpitaba acelerado mientras intentaba no dejarme llevar por el pánico. Rápidamente, miré su ubicación en la aplicación y llamé a los hombres de su mansión. Incluso intenté contactar a Andrew, pero él no estaba disponible. Sin embargo, me aseguró que haría lo posible por localizarlo, aunque me dijo que probablemente no tenía caso porque el móvil de mi hijo