De camino al aeropuerto, la música iba a todo volumen. Kris entonaba las letras y Arvid reía por la forma en que lo hacía. Con gran emoción, ella se acercó a él y dejó un beso en su mejilla derecha.
—¡Te amo, mi aburrido! —dijo.
Cuando la miró, Kris soltó una carcajada y continuó tarareando la música que sonaba en los parlantes del auto.
—Oye, amor, ¿por qué no viajamos en tren? —preguntó él.
Ella negó y pasó la palma de su mano por su barbilla.
—No, quiero volar… y volar alto junto a mi aburri