Al día siguiente Perla se despierta muy positiva, se arregla y se maquilla como de costumbre. Cuando se mira al espejo nota ese brillo en sus ojos y ese ánimo de tomar el mundo en sus manos no puede faltar. Toma su bolso y los archivos y se dirige a su auto.
— ¡Buenos días! ¿Eres la señorita Perla? - Escucha esa voz ronca de un hombre desconocido.
— Sí, ¿ustedes quienes son?
Un hombre alto y de aspecto temeroso saca una arma. — Tienes que venir con nosotros, no quiero tener que usar la fuerz