Derek maldijo con suavidad, en un susurro apenas audible, cuando se percató de que Ariam se había quedado profundamente dormida. La observó por un instante, maravillándose por la belleza que seguía irradiando incluso en sus sueños. Con delicadeza, la levantó en brazos y subió las escaleras con sigilo, depositándola con suavidad en su cama.
Una vez asegurado de que Ariam estaba cómoda y segura, Derek comenzó a desvestirse, sintiendo una frustración que crecía en su interior. Desnudo, se encaminó