Hailey se dejó deslizar por la pared hasta quedar acurrucada, se tomó lo poco que queda en la copa de vino.
—¿me escuchaste...? perdón
Ella rogaba a Dios porque se fuera
sus palabras se oían sinceras y su voz quebrada como si se aguantará las ganas de llorar, pero ella no puede olvidar todo lo que él le hizo pero tanto le gusta que no sabe que hacer.
Mientras tanto Arturo, al otro lado de la puerta vio la sombra Hailey por debajo de la puerta entonces ella si estaba ahi escuchándolo.
—es mentira