—No tienes por qué disculparte, no dudes en acudir a mí si lo necesitas. Siempre estaré para ti, lo digo en serio —aseguró esbozando una sonrisa.
Se miraron fijamente, ninguno de los dos tenía indicios de apartarla. No hasta que el móvil de Warrick interrumpió aquel momento.
—E-eh, terminaré de servir el desayuno —dijo Madelaine alejándose lo más posible de Warrick.
Él asintió con la cabeza.
—¿Sí? —contestó la llamada dirigiéndose al living.
La joven soltó el aire que no sabía llevaba reteni