Camila lo miró con una mezcla de miedo e impotencia.
¿Quién se creía que era? ¿No tenía suficiente con haberla obligado a casarse con él?
—Si quieres trabajar, puedes hacerlo en la empresa —propuso Alex, mientras señalaba la pantalla en donde el correo seguía abierto.
¿Trabajar para él? ¿En serio?
Por un momento, Camila valoró aquella posibilidad, pensando que, quizás así, podría conocerlo más, saber quién era en realidad. Si se ponía a pensar, estaba casada y poco a poco comenzaba a albergar s