Capítulo 4

—Lo siento, joven señora —dijo el jefe de seguridad desde la entrada principal, con un tono firme, aunque no falto de amabilidad—. El joven señor no está aquí. La señora Hunt ha dado instrucciones muy claras: no se le permite entrar.

El corazón de Aria se desplomó.

Se aferró a la reja con fuerza, mientras la desesperación teñía cada una de sus palabras.

—Por favor... solo necesito hablar con él. Aunque sea un minuto. Dígale que Aria está aquí. Dígale que es urgente. Se lo suplico.

El guardia negó lentamente con la cabeza. Su expresión reflejaba cierta compasión.

—De verdad no está aquí. No le mentiría, señora. Por favor... vuelva a casa. No haga esto más difícil para ninguno de los dos.

Aquellas palabras fueron como un golpe directo al pecho.

Aria permaneció inmóvil durante unos segundos, con las lágrimas ardiéndole en los ojos.

Finalmente se dio la vuelta, aferrándose al último vestigio de dignidad que le quedaba.

No iba a derrumbarse delante de ellos.

No allí.

No frente a las mismas personas que siempre la habían despreciado.

Durante más de tres años nunca logró comprender por qué Audrey Hunt insistía en tratarla como a una extraña.

Y ahora parecía que, por fin, había conseguido lo que siempre había querido.

Jayden quería divorciarse de ella.

—Llévame a casa... —susurró al chofer mientras volvía a subir al automóvil.

Las luces de la ciudad pasaban borrosas al otro lado de la ventanilla.

Pero Aria no veía absolutamente nada.

¿Por qué, Jayden?

¿Por qué destruir todo lo que construimos?

Nuestros recuerdos... nuestras promesas...

Se negaba a creer que aquello fuera real.

Algo estaba mal.

Tenía que haber una explicación.

Perdida en aquel torbellino de pensamientos, apenas notó el elegante Rolls-Royce negro que entraba en el estacionamiento del Hotel Hunt.

—¿No es ese el automóvil del jefe? —murmuró el chofer casi para sí mismo.

Aria siguió la dirección de su mirada.

Aquel Rolls-Royce de edición limitada...

Solo existía uno en todo Manhattan.

—¡Deténgase! —exclamó incorporándose de golpe—. ¡Es el auto de Jayden! ¡Dé la vuelta! ¡Ahora!

El conductor obedeció de inmediato.

Los latidos del corazón de Aria retumbaban con tanta fuerza en sus oídos que apenas podía pensar.

El automóvil frenó bruscamente frente a la entrada del hotel.

Ella ni siquiera esperó a que se detuviera por completo.

Abrió la puerta de un tirón y salió corriendo.

El sonido desesperado de sus tacones resonó sobre el brillante piso del vestíbulo.

Entonces lo vio.

El hombre al que había estado buscando.

Estaba entrando al ascensor.

Aria aceleró el paso al ver que las puertas comenzaban a cerrarse.

—¡Jayden! —jadeó.

Metió el pie entre las puertas justo antes de que terminaran de cerrarse.

Entró al ascensor casi sin aliento.

Su corazón parecía romperse... y recomponerse... en un mismo latido desesperado.

Kayden se quedó completamente inmóvil en cuanto ella irrumpió en el ascensor.

Ariana.

Su nombre resonó dentro de él como el eco de un fantasma que había intentado enterrar hacía mucho tiempo.

Tres años.

Tres años en prisión.

Tres años desde que ella lo traicionó.

La mujer que eligió a su hermano.

La mujer a la que él conoció primero.

La única que alguna vez consiguió hacer latir aquel corazón frío...

...antes de destrozarlo por completo.

—Ariana... —susurró con la voz áspera, cargada de emociones que se negaba incluso a reconocer.

Durante un instante interminable fue incapaz de escucharla.

Veía sus labios moverse.

Pero no podía concentrarse en nada más que en su rostro bañado en lágrimas.

En aquellos grandes ojos desesperados que lo miraban como si él fuera su única salvación.

¿Sabe que salí de prisión hace unos días?

¿Vino a disculparse?

¿A explicarme por qué me abandonó para quedarse con él?

Sin embargo, cuando por fin prestó atención a lo que ella estaba diciendo, sus palabras lo golpearon como un balde de agua helada.

—¡Jayden, gracias a Dios por fin te encontré...! —Su voz se quebró, temblando de puro pánico—. Casi me vuelvo loca. Amor... ¿qué significa esto? ¿Los papeles del divorcio? ¿Ya los firmaste? ¿Cómo pudiste hacerme una broma tan cruel... precisamente en nuestro aniversario?

El mundo de Kayden se tambaleó.

Ella lo había confundido.

Creía que él era Jayden.

Estaba destrozándose por unos documentos de divorcio que, al parecer, su hermano le había enviado.

La realidad lo golpeó con una fuerza brutal.

Dolor.

Rabia.

Y una oscura y retorcida satisfacción se mezclaron dentro de su pecho.

Ella no sabía nada del accidente.

No sabía absolutamente nada.

Aquella tarde, Jayden le había dicho que le estaba devolviendo a Aria.

Había hablado de ella como si fuera un objeto barato del que ya se había cansado y quería deshacerse.

En ese momento, Kayden había pensado que Aria se lo merecía.

Pero al verla ahora, completamente destrozada...

...aquello solo alimentó aún más esa satisfacción oscura que comenzaba a crecer dentro de él.

Antes de que pudiera decir una sola palabra, Aria se lanzó a sus brazos.

Se aferró a él con la desesperación de alguien cuyo corazón acababa de hacerse añicos.

El familiar aroma a vainilla y lavanda inundó sus sentidos, despertando recuerdos que había jurado enterrar para siempre.

—Quítame las manos de encima —gruñó con una voz baja y peligrosa—. Desaparece de mi vista antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirme.

Pero Aria solo se abrazó con más fuerza, sollozando contra su pecho.

—Jayden... ¿qué te pasa, amor? Háblame, por favor...

En ese instante, el ascensor emitió un sonido al llegar al piso.

Kayden salió sin mirar atrás.

Con una mirada tan fría y amenazante que, por fin, consiguió que Aria lo soltara.

Caminó por el pasillo rumbo a su suite con la mandíbula tan apretada que le dolía.

Aun así...

Escuchó los suaves pasos de Aria siguiéndolo.

Pasó la tarjeta por el lector y abrió la puerta.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Aria se coló rápidamente en la habitación.

Se volvió hacia él y le dedicó una pequeña sonrisa.

Frágil.

Temblorosa.

Llena de esperanza.

Una sonrisa que solo consiguió hundir el cuchillo un poco más en su corazón.

—¿Se puede saber qué...?

Ni siquiera le permitió terminar.

Se quitó lentamente el abrigo largo que llevaba puesto.

Debajo apareció un elegante vestido blanco, sin mangas.

Sin duda, el mismo vestido que había elegido para pasar una noche romántica con...

...su hermano.

Kayden permaneció inmóvil junto a la puerta.

Su corazón ardía de rabia.

Cada palabra cariñosa.

Cada mirada.

Cada caricia.

Todo.

Absolutamente todo estaba destinado a Jayden.

Nunca a él.

Jamás.

—Sal de aquí, Ariana —dijo con frialdad—. No pienso repetirlo.

—Esos papeles de divorcio... Sé que no son de verdad. Sé que tú no los enviarías.

Dio un paso hacia él.

—Como quieras.

Kayden ya no tenía paciencia para seguir con aquello.

Estuvo a punto de marcharse y dejarle la suite.

Pero las siguientes palabras de Aria lo detuvieron en seco.

—Por favor... dime que todo esto es una broma de muy mal gusto. Dime que todavía me amas.

—Si llevan mi nombre, ¿cómo podría ser una broma? —respondió con frialdad, luchando por mantener intacta su máscara de indiferencia.

Quería verla romperse.

Quería verla sufrir.

—¡No... no te creo! ¡Deja de jugar conmigo! —Su voz terminó por quebrarse por completo—. ¡Amor!

—Puedes quedarte con la habitación —espetó mientras le daba la espalda—. Solo verte me revuelve el estómago. Pero voy a decirte un secreto...

—Yo no soy Ja...

—¡Por favor, cariño!

Aria volvió a correr hacia él antes de que pudiera terminar la frase.

Lo abrazó por la espalda con fuerza.

Su cuerpo temblaba contra el suyo, cálido y desesperado.

—No me hagas esto. ¿Qué hice mal? Dime qué debo hacer para que cambies de opinión. Haré lo que sea. Por favor... no me dejes. No destruyas lo nuestro...

Sus sollozos llenaron la lujosa suite.

Eran los sollozos de una mujer cuyo mundo entero acababa de derrumbarse.

Y Kayden permaneció completamente inmóvil entre sus brazos.

Con los puños fuertemente cerrados a ambos lados del cuerpo.

Debatiéndose entre el ardiente deseo de vengarse...

...y el peligroso despertar de un sentimiento mucho más complejo.

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