Capítulo 26
Santiago me miraba con esos ojos oscuros, yo sabía cómo se ponía cuando estaba a punto de estallar por la rabia.
—¿Por qué te quieres ir? —preguntó seco, mientras apretaba su menton —. En casa eres querida, Luisa. Mi abuelo te ve como una nieta, te respeta, te admira, también es tu casa.
No sabía cómo decirle que a pesar de eso, me dolía el alma verlo con Isabel y el cariño de los demás dejaba de importarme, solo la presencia de el con Isabel me desestabilizaba.
—Necesito comenzar a