Los cristales de la ventana eran completamente blancas, las paredes se mantenían cálidas gracias a los Cuervos y a las velas gruesas en los candelabros a cada cinco metros y detrás de las ventanas podía adivinar que todo estaba cubierto de nieve blanca, como un manto que había caído sobre el instituto y sus terrenos. Pero apenas estábamos a iniciando diciembre o iniciaría en dos días, había perdido la cuenta de los días y meses.
Me quedé por un rato absorta ante todo, de lo que había pasado y